Labrando el Erial

Erial: Dícese de una tierra o de un campo sin cultivar ni labrar.







Hay que comenzar, como todas las cosas, por un principio, y este blog pretende ser mi pequeña aportación, mi pequeña semilla para ayudar a cultivar el erial cultural en el que vivimos.



Probablemente nadie leerá nada de lo que aquí aparezca publicado, pero hay que pelear con los medios que tenemos a nuestro alcance para contribuir así a despertar las mentes aletargadas, adormecidas y aborregadas por la televisión y el utilitarismo.







sábado, 7 de enero de 2012

Tilted Arc


"Trasladar la obra es destruirla".



La escultura de Richard Serra(1939), un muro de acero de aproximadamente cuatro metros de altura y unos 36 metros de largo, fue encargada al artista estadounidense por la administración estatal dentro de un programa denominado arte en la arquitectura.Fue instalada definitivamente en el verano de 1981, en el centro de la plaza federal en Nueva York, una ubicación rodeada de edificios oficiales y con una gran afluencia y tráfico de personas.
Dividía literalmente la plaza en dos, además, estaba ligeramente inclinada hacia el edificio federal Jacob K. Jabits, lo cual podría sugerir, de por sí, una importante crítica política en la que más adelante nos detendremos.

Desde su instalación la escultura siempre estuvo rodeada de continuas polémicas. Prueba de esta controversia es que tan sólo cuatro años después , en 1985, la nueva administración planteó la posibilidad de desmontarla para cambiarla de ubicación. Los argumentos que utilizaban sus detractores estaban fundamentadas principalmente en que la escultura se imponía con violencia en el entorno en el que estaba ubicada, que interrumpía parcialmente la normal circulación de las personas y que constituía un riesgo potencial para la seguridad de los edificios oficiales cercanos.
Los defensores del proyecto, por su parte, apelaban a la "especificidad espacial" como base de su argumentación. La escultura no puede trasladarse, ya no es posible en un lugar distinto. Había sido concebida para ese lugar específico y por tanto, ya había entrado a formar parte de él.
Trasladar la obra es destruirla, estas son las categóricas palabras del artista al respecto en la audiencia pública celebrada, cuyo propósito era decidir el destino de la escultura.

Para entender, sin embargo, el concepto de especificidad espacial, debemos remontarnos a mediados de los años sesenta. Fue en este tiempo cuando la especificidad del espacio fue introducida por el minimalismo como crítica al idealismo intrínseco en la escultura moderna. Bajo el modernismo la atención del público recaía especialmente en el artista, el mitificado genio y creador de la obra que podíamos estar admirando. El generador de los aspectos formales que constituían la propia obra de arte, ideal del paradigma modernista, era única y exclusivamente el artista. A nosotros, el público, nos correspondía el papel subsidiario de simples admiradores, empequeñecidos por la larga sombra que proyectaba el artista idealizado.

El minimalismo consiguió romper esta relación, haciendo que la atención volviese a recaer exclusivamente sobre la obra de arte, y con esto no sólo se consiguió cambiar las relaciones entre el espectador y la obra, sino también las relaciones entre el espectador, la obra y el lugar donde ambos se encuentran. Consiguió, pues, introducir el concepto de especificidad espacial en el corazón del arte, aun cuando su crítica al idealismo quedase incompleta, puesto que, en el fondo, se seguía poniendo el foco en los aspectos formales de la obra. No se hizo otra cosa que extender ese mismo idealismo al espacio, estetizando y convirtiendo ese "lugar" en arte por la acción y la voluntad del artista.
De modo que el minimalismo no pudo o no supo generar una crítica totalmente materialista al idealismo moderno, ya que la obra no deja de concebirse como un valor, como un bien lujo especializado y esencialmente privado, dentro de los circuitos institucionalizados del mercado artístico.

Entonces es cuando la escultura pública de Serra cobra todo su valor y podemos comprenderla desde una visión completamente distinta.
El espacio deja de ser ese espacio aséptico, puro y privado donde el artista coloca su obra y, por decirlo así, la enclaustra; sino que este espacio se convierte en el lugar público de producción y realización del arte, en el que además interviene una mano de obra industrial que ayuda a darle forma, desmitificando totalmente la figura del artista como creador exclusivo (y exclusivista).
Sólo entonces comprendemos que la escultura no es un simple complemento decorativo, en armonía con los espacios donde se encuentra, sino que puede ser un elemento disonante en su entorno que trabaja contra ese espacio. Esta inmersión de términos hace que el espacio mismo quede subyugado por la escultura y, de esta modo, este lugar específico se convierte en un lugar de conflicto.

Por estas razones Tited Arc produjo tanta controversia. Existía de entrada una "competición" entre la escultura y la arquitectura de su entorno. En vez de ser un adorno o realce para los edificios de la plaza, o próximos a ella, Tilted Arc se constituye como algo difícil de ver y entender. Con ella se pretende que el ciudadano tome una posición crítica, que piense en el lugar donde se encuentra, que tome conciencia de su situación.
No es de extrañar, entonces, la actitud oposicionista de los medios oficiales ante tal propuesta. La crítica y el replanteamiento pueden hacer que cuestionemos la autoridad, en cuanto autoridad "paternalista", y esto, evidentemente, es algo que no suele gustar demasiado a la burocracia institucional establecida.

¿Qué se espera realmente de una escultura pública? Aparte de la ya citada armonía con el entorno, ¿se espera que simbolice o que represente algo? Para muchos de los detractores de la obra de Serra, si.
Según este argumento, la escultura ha de conseguir la empatía con el público que debe confrontarla a diario. El ciudadano debe sentirse identificado o representado en lo que ve, de esta forma se siente reconfortado y unido a una experiencia común.
Evidentemente, Tilted Arc no conseguía tal cosa, muy al contrario, se imponía ante los viandantes de una forma violenta y "amenazante".
Sin embargo, esta reclamación de simbolismo o representatividad por parte de ciertos sectores, encerraba una gran hipocresía. Según estas reclamaciones ¿Qué es lo que debe simbolizar o representar la escultura para no molestar a la opinión pública y para empatizar con sus gustos?
Para cargar de "simbolismo empático" una obra de arte, sería necesario enmascararla hasta hacerla irreconocible, y de esa forma, la obra sería "transfigurada" en un objeto de consumo más dentro del mercado. Este simbolismo no dejaría de ser fuertemente autoritario y paternalista, y Serra lo rechazará de plano.

Con Tilted Arc, el público no puede sentirse identificado en absoluto. Es esa falta de simbolismo autoritario el que el artista busca y logra con su obra, para hacer así evidentes ante nuestros ojos los grandes conflictos entre el arte y el poder.
Como ya hemos visto antes, la escultura se encontraba en un espacio público, rodeado de edificios oficiales, en un punto que bien podía ser considerado como el centro de los mecanismos de poder en la ciudad de Nueva York. La plaza federal es un área extensa, vacía y desierta, cuya única función es la de sevir de paso a los ciudadanos y trabajadores de un edificio oficial a otro.
La escultura dividía la plaza por la mitad, como vemos en la imagen, e irremediablemente imponía atención sobre sí misma. Aunque no interrumpía la libre circulación, los viandantes tenían que seguir caminos diferentes para rodearla, era imposible no reparar en ella.















Al reclamar egoistamente esa atención sobre sí misma, se nos hace presente y evidente la realidad de nuestra condición social. Aquí es donde se encuentra la crítica política a la que antes aludiamos:
Una sociedad atomizada como la nuestra no puede enfrentarse directamente con la realidad de su propia situación, no puede alejarse de los parámetros establecidos, pues no es capaz de enfrentarse en soledad a la propia realidad de su atomización. Los lugares públicos, las plazas, las propias ciudades, deben mostrarnos un trazo de "utopía social" con el que sentirnos cómodos y unidos a una especie de experiencia común.
Por eso la escultura produjo tanto rechazo, porque no estaba encerrada dentros de esos parámetros, los de la sensibilidad social y estética en los que se supone que debía quedarse.

En el juicio-farsa montado para decidir sobre su destino, esto se hizo más que evidente, ya que aquellos que más ferozmente atacaron Tilted Arc fueron los representantes del poder político y uno de los argumentos que usaron con más persistencia fue el de la seguridad.
Este argumento se basaba, ni más ni menos, en que el muro impedía la visión del otro lado de la plaza a los vigilantes de seguridad del edificio oficial. Constituía, según este argumento, un serio riesgo para su integridad y la seguridad de la zona. Esto puede darnos una ligera idea de la concepción de "ciudadano" o "público" que tienen los mecanismos de poder del estado. Baste decir que para este poder, que espera lo peor del ciudadano, somos potenciales merodeadores, traficantes de droga, violadores, atracadores o terroristas.

De este modo, pues, la redefinición de la especificidad espacial se convierte en un hecho consumado. El espacio de la obra de arte en su conjunto ha pasado a ser un espacio de lucha política y crítica social.

A pesar de que finalmente Tilted Arc fue desmantelada y trasladada de su lugar original, su exito es evidente, pues radica en esa misma redefinición del papel de la obra de arte en su propio espacio.

martes, 6 de septiembre de 2011

Sutil Aroma

En ocasiones, en un momento dado, cuando menos lo esperas, se abre durante unos segundos, y de par en par, una puerta al pasado en forma de sutil aroma. Surgen entonces visiones inesperadas y desconcertantes, juegos en casa de tu abuela años ha desaparecida, besos a escondidas cuyo recuerdo se había perdido para siempre, lluvia en el balcón, travesuras, lagartijas, arañas... y nos quedamos durante unas décimas de segundo absortos, recreándonos en una visión melancólica que instantes después borraremos, menospreciándola por ser inutil para nuestras vidas utilitaristas. ¡Pero si no podemos medirlas, ni analizarlas de manera racional!... pero ¡ay!, lo que dariamos por poder disfrutar un poco más de esa tierna y maravillosa irracionalidad!

viernes, 2 de septiembre de 2011

Inconstancia

Siempre he sido bastante anárquico e incostante en mi vida.
No sé si esto es debido a mi innata pereza o a que no puedo dar más a este anodino mundo.
El caso es que, tanto en el terreno literario como en el de la fotografía (mis dos grandes"pasiones"), alterno épocas de actividad cuasi frenética, con meses de absoluta apatía... y yo, de modo indefectible, siempre me pregunto... ¿Y por qué no?

domingo, 17 de octubre de 2010

20 libros imprescindibles

¿Subjetividad u objetividad? Estos son los mejores que he leido:

1. Crimen y Castigo. F. Dostoievski
2. El Proceso. F. Kafka
3. Un mundo Feliz. A. Huxley
4. 1984. G. Orwell
5. Los Buddenbrook. Thomas Mann
6. Ensayo sobre la ceguera. Saramago
7. Demian. Hermann Hesse
8. El Lobo Estepario. Hermann Hesse
9. El Jugador. F. Dostoievski
10. El Señor de los Anillos. Tolkien
11. Los Demonios. F. Dostoieski
12. La Metamorfosis. F. Kafka
13. El Alimento de los Dioses. H.G. Wells
14. La Muerte de Ivan Ilich. Tolstoi
15. El Hombre que Amaba a los Perros. L. Padura
16. El Quijote. M. de Cervantes
17. Bajo las Ruedas. Hermann Hesse
18. Peter Pan. M. Barrie
19. Casa de Muñecas. H. Ibsen
20. Ladrona de Libros. M. Kusak

sábado, 8 de mayo de 2010

Ese bocadito de mediocridad diario.


Es algo amargo, un bocado que se toma día tras día.

Tienes tantas cosas que compartir que te pasarías el día hablando y hablando, sacarías lo mejor de ti, te enriquecerías con la opinión de los demás, crecerías, y sobre todo, serías consciente de tu existencia y de la de los demás...

Pero la realidad no es otra que la que vives diariamente: sigues la corriente, esa corriente que te arrastra por los vericuetos de una existencia gris. Las conversaciones te aburren, a veces incluso te son insoportables, aun así simulas que te interesan. No encuentras a nadie, ni siquiera entre los que más cerca tienes, que esté dispuesto a parar su tiempo unos minutos para detenerse, para pensar un poco y conversar de verdad.

Entonces, al fin te das cuenta: la mediocridad campa a sus anchas en cada palabra que sale de tu boca.

martes, 13 de abril de 2010

Boris Pasternak


Борис Пастернак
En Occidente, Pasternak es conocido sobre todo por su monumental novela trágica ambientada en la Rusia Soviética, Doctor Zhivago, publicada por primera vez en Italia en 1957. Pero también destacó enormemente por su poesía: El gemelo de las nubes (1913), Mi hermana la vida (1917), El año 1905 (1927), Segundo nacimiento (1934) son algunas de sus grandes obras poéticas. Además de Blok, Jlebnikov, Maiakovski y Esenin, Pasternak es uno de los cuatro poetas más destacados, en la primera mitad del siglo XX, con sus amigos Anna Ajmátova, Marina Tsvetáyeva y Ósip Mandelstam, y de vida trágica dadas las imposiciones políticas.

Pasternak era hijo del famoso pintor judío, Leonid Pasternak, profesor en la escuela de pintura de Moscú. Su padre se convirtió del judaísmo al cristianismo ortodoxo. La madre de Borís, Rosa Kaufman, era una famosa concertista de piano. Pasternak creció en una atmósfera cosmopolita: en su casa desfilaban artistas de la talla de Serguéi Rajmáninov, León Tolstói o Rainer Maria Rilke.

La conversión de su padre tuvo un gran impacto en el joven Borís. En muchos de sus poemas sobrevuelan referencias cristianas. Estudió filosofía en las Universidades de Moscú y de Marburgo, en Alemania, junto a Hermann Cohen y Nicolai Hartmann. Sin embargo, decidió renunciar a la filosofía como profesión. Regresó a Moscú en 1914 y publicó su primera colección de poemas ese mismo año.

Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en una fábrica de productos químicos en los Urales; seguramente aquí encontró material que luego utilizaría en Doctor Zhivago. La Revolución de 1917 significó el inicio de la fama de Pasternak como poeta.

Como tantos otros de los grandes, perdió la protección de las autoridades soviéticas en la década de los 30 (Gran Purga); se lo acusó de subjetividad aunque consiguió escapar de los gulags. A partir de entonces, se ganó la vida traduciendo a los clásicos. Fue un traductor del alemán (Kleist, Brecht), pues había estudiado en Marburgo, y a partir de entonces de Shakespeare, cuyas versiones son canónicas.

La publicación de Doctor Zhivago, obra personal, llena de lirismo y muy crítica con la consolidación del régimen comunista, lo llevó a ser perseguido por las autoridades hasta el día de su muerte. El 29 de de octubre de 1958, en el pleno del Comité Central de la Liga de las Juventudes Comunistas, su jefe, Vladimiro Semichastni, desacreditó a Pasternak ante 14.000 personas, entre las que se encontraban Jrushchov y demás jerarcas. Semichastni empezó diciendo que Pasternak era una "oveja sarnosa" que se plegaba a los deseos de los enemigos de la Unión Soviética con "escritos llenos de calumnias". Concluyó diciendo: "Si comparamos a Pasternak con un cerdo, un cerdo no haría lo que él ha hecho" porque un cerdo "jamás caga allá donde come".
Las noticias de aquel discurso llevaron a Pasternak al borde del suicidio. Más tarde se supo que fue el propio Jrushchov quien, la noche anterior, había dictado estas frases a Semichastni, quien las describió como "típicas de Jrushchov, deliberadamente brutales".

Doctor Zhivago no se publicó en la Unión Soviética hasta el año 1988.

Pasternak ganó el Premio Nobel en 1958, cuando Doctor Zhivago fuera publicada en italiano y en ruso (pero se desconoce si la edición en ruso fue la condición necesaria para recibir el premio).

Pasternak envió una carta de agradecimiento a la Academia Sueca, contando lo "agradecido" y "sorprendido" que estaba. Días después, bajo una intensa presión del gobierno soviético debió envíar otra carta: "Considerando el significado que este premio ha tomado en la sociedad a la que pertenezco, debo rechazar este premio inmerecido que se me ha concedido. Por favor, no tomen esto a mal". Amenazado con ser expulsado de la Unión Soviética, y presionado por el KGB, Pasternak murió en 1960.

viernes, 19 de febrero de 2010

Klimt



"No existe ningún autorretrato mío. No me interesa mi propia personalidad como objeto de un cuadro, sino más bien me interesan otras personas, en especial mujeres, otras apariencias…estoy convencido de que como persona no soy especialmente interesante".

Gustav Klimt La obra de Klimt se ha identificado con la suntuosa decoración basada en dorados y elementos ornamentales de vivos colores, aunque también con formas fálicas encubiertas que indican el carácter de los dibujos en que se inspiraban. En la primera versión de Judith, por ejemplo, aunque también en El beso y, sobre todo, en la Dánae de 1907 aparecen elementos abstractos de un carácter sexual inconfundible. Siendo la mujer uno de los temas más recurrentes de Klimt, resulta lógico que el artista representase muchas de las facetas del carácter femenino, aunque sentía especial predilección por un tipo de mujer agresiva y dominante que podría identificarse con el modelo icónico de la femme fatale. Los historiadores del arte coinciden en señalar el carácter ecléctico de su estilo pictórico; y se han apuntado, entre otras, referencias al arte del antiguo Egipto, a la cultura Micénica, a la Grecia clásica y al arte bizantino. Hombre de formación clásica, Klimt no sentía sin embargo reparo en manifestar su entusiasmo por el arte de artistas medievales -como Durero- o exóticos -como los artistas de la escuela Rinpa japonesa. Sus obras de madurez se caracterizan por un rechazo de sus inicios naturalistas, siendo así que se ha señalado el progresivo desarrollo de motivos simbólicos o abstractos que enfatizaban la libertad de espíritu que impregnó todas las vanguardias artísticas de principios del siglo XX. Del mismo modo, resulta significativo el valor de la línea en su obra. Sus dramáticas composiciones -utilizando a veces extraños puntos de vista, planos verticales y cortes atípicos- subrayan el carácter innovador de su plástica, y anticipan el valor expresivo de la línea que caracterizará el expresionismo posterior.